Viernes. 3:00 pm. Gólgota, Jerusalem.


XXXVI. Sabe que cuando el Hijo del Hombre exhaló su último suspiro y se entregó a Dios, la creación entera lloró con gran llanto. Sin embargo, al sacrificarse a sí mismo, una nueva capacidad fue infundida en todas las cosas creadas. Sus efectos, de los cuales dan testimonio todos los pueblos de la tierra, están manifiestos ahora ante ti. La más honda sabiduría que los eruditos hayan expresado, los más profundos conocimientos que mente alguna haya descifrado, las obras de arte que las manos más diestras han producido, la influencia ejercida por el más potente de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza vivificadora liberada por su resplandeciente y trascendente Espíritu que todo lo penetra.

Atestiguamos que cuando Él vino al mundo, derramó el esplendor de su gloria sobre todas las cosas creadas. Mediante Él el leproso se restableció de la lepra de la perversidad e ignorancia. Por Él el impuro y descarriado fueron curados. Mediante su poder, nacido de Dios Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos y el alma del pecador fue santificada.

La lepra puede ser interpretada como cualquier velo que se interponga entre el hombre y el reconocimiento del Señor, su Dios. Quienquiera se permita aislarse de Él, es realmente un leproso, quien no será recordado en el Reino de Dios, el Poderoso, el Todo Alabado. Atestiguamos, que por medio del Poder de la Palabra de Dios, todo leproso fue purificado, toda enfermedad fue curada, y toda debilidad humana fue eliminada. Es Él quien purificó al mundo. Bendito el hombre que con el rostro radiante se ha vuelto hacia Él.

- Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh.

Un homenaje a Su Santidad Jesucristo, hoy, en la conmemoración de su ascención.
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