Ha aparecido en el cielo una estrella...


Bahá'u'lláh describe con sus palabras la historia del nacimiento de Su Santidad Jesucristo, en el Libro de la Certeza (Kitab-i-Iqán), y la relación que tienen todos los nacimientos de las Manifestaciones de Dios, apareciendo en el cielo una estrella:

... ¡Oh hermano!, enciende con el aceite de la sabiduría la lámpara del espíritu dentro de la cámara recóndita de tu corazón, y custódiala con la mampara del entendimiento, para que el aliento del infiel no extinga su llama ni oscurezca su esplendor. Así hemos iluminado los cielos de la prolación con los resplandores del Sol de la divina sabiduría y entendimiento, para que tu corazón encuentre paz y seas tú de aquellos que, en alas de la certeza, se han remontado hacia el cielo del amor de Su Señor, el Todomisericordioso.
Y, ahora, referente a Sus palabras: "Y entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo
del hombre". Estas palabras significan que cuando el sol de las enseñanzas celestiales se haya eclipsado, las estrellas de las leyes divinamente establecidas hayan caído, y la luna del verdadero conocimiento -el educador de la humanidad- se haya oscurecido, cuando los estandartes de guía y felicidad hayan sido arriados y la mañana de la verdad y rectitud se haya hundido en la noche, entonces el signo del Hijo del hombre aparecerá en el cielo. "Cielo" designa el cielo visible, ya que cuando se acerque la hora en que ha de aparecer el Sol del cielo de la justicia y navegue el Arca de la guía divina sobre el mar de la gloria, aparecerá una estrella en el cielo que anunciará a su pueblo el advenimiento de esa máxima luz. De igual modo, en el cielo invisible aparecerá una estrella que actuará ante los pueblos de la Tierra como heraldo del amanecer de esa verdadera y exaltada Mañana. Este doble signo, en el cielo visible e invisible, ha anunciado la Revelación de cada uno de los Profetas de Dios, como comúnmente se cree.
Entre los Profetas está Abraham, el Amigo de Dios. Antes de que Él se manifestara, Nimrod tuvo un sueño. En seguida reunió a los adivinos, quienes le informaron de la aparición de una estrella en el cielo. Igualmente, apareció un heraldo que anunció en todo el país la venida de Abraham.
Después de Él vino Moisés, Quien conversó con Dios. Los adivinos de entonces advirtieron al Faraón en estos términos: "Ha aparecido una estrella en el cielo, y ¡he aquí! predice que será concebido un Niño que tiene en Sus manos vuestro destino y el de vuestro pueblo". Igualmente apareció un sabio que, en la oscuridad de la noche, trajo buenas nuevas de alegría para el pueblo de Israel, consolando sus almas y dando confianza a sus corazones. De ello dan testimonio los escritos de los libros sagrados. De mencionarse los detalles, esta epístola tomaría las dimensiones de un libro. Además, no es Nuestro deseo relatar las historias de días pasados. Dios es Nuestro testigo, aun lo que ahora mencionamos se debe sólo a Nuestro tierno afecto hacia ti para que, quizás, los pobres de la Tierra alcancen las orillas del mar de la riqueza, los ignorantes sean conducidos al océano del conocimiento divino y aquellos que ansían el conocimiento beban del Salsabíl de la sabiduría divina. Pues de no ser así, este siervo juzgaría que reparar en tales escritos constituye un grave error y una
penosa transgresión.
Asimismo, cuando se acercaba la hora de la Revelación de Jesús, algunos de los Magos, conscientes de que la estrella de Jesús había aparecido en el cielo, la buscaron y la siguieron hasta llegar a la ciudad que era la sede del reino de Herodes. El poder de su soberanía abarcaba en aquellos días todo este país.
Los Magos dijeron: "¿Dónde está Aquel que ha nacido Rey de los judíos? ¡Pues hemos visto Su estrella en el Oriente, y venimos a adorarle!" Después de indagar descubrieron que en Belén, en tierra de Judea, había nacido un Niño. Éste fue el signo manifiesto en el cielo visible. En cuanto al signo del cielo invisible -el cielo del divino conocimiento y comprensión-, fue Yahyá, hijo de Zacarías, quien dio al pueblo las buenas nuevas de la Manifestación de Jesús. Así Él ha revelado: "Dios te anuncia a Yahyá, quien dará testimonio del Verbo de Dios, y que será grande y casto". El término "Verbo" indica a Jesús, Cuya venida predijo Yahyá. Además, en las Escrituras celestiales está escrito: "Juan el Bautista estaba predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el Reino de los cielos está cerca". Juan
quiere decir Yahyá.
Asimismo, antes de que se revelara la belleza de Muhammad, se manifestaron los signos del cielo visible. En cuanto a los signos del cielo invisible, aparecieron cuatro hombres que, uno tras otro, anunciaron al pueblo las felices nuevas de la aparición de aquella Lumbrera divina. Rúz-bih, llamado posteriormente Salmán, tuvo el honor de servirles. Cuando se aproximaba el fin de uno de ellos, éste enviaba a Rúz-bih a otro, hasta que el cuarto, al sentir cerca su muerte, se dirigió a Rúz-bih, diciendo: "¡Oh Rúz-bih!, cuando hayas recogido y enterrado mi cuerpo, ve a Hijáz, porque allí aparecerá el Sol de Muhammad. ¡Feliz tú, porque verás Su faz!"
Y ahora, respecto a esta maravillosa y exaltadísima Causa, has de saber ciertamente que muchos astrónomos han anunciado la aparición de su estrella en el cielo visible.
Asimismo, aparecieron en la tierra Ahmad y Kázim, esas resplandecientes
luces gemelas; ¡que Dios santifique el lugar en que descansan!
De todo lo que hemos expuesto queda claro y manifiesto que, antes de la revelación de cada uno de los Espejos que reflejan la divina Esencia, los signos que anuncian su advenimiento deben necesariamente revelarse en el cielo visible como también en el invisible, donde está la sede del sol del conocimiento, la luna de la sabiduría y las estrellas del entendimiento y prolación. El signo del cielo invisible debe necesariamente revelarse en la persona de un hombre perfecto que, antes que aparezca cada Manifestación, eduque y prepare las almas de los hombres para el advenimiento de la Lumbrera divina, Luz de la unidad de Dios entre los hombres.
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