Piyamas...


Sí, ví la película de El niño de la Pijama a Rayas o The boy in the Stripped Pajama. Mientras terminaba, necesitaba escribir un post.
Es un post que lo debo desde el sábado, (el día del apagón mundial, al cual gustosamente contribuimos!)...

Tengo estos sentimientos atorados entre el alma y el corazón y creo que es hora de hacerselos conocer:
  1. La inocencia del niño, realmente, no puede ser perturbada por la más tremenda de las guerras, no. No así. Es por ello que defiendo con toda mi alma los derechos de los niños. Ellos merecen que les entreguemos un mundo mejor, no incluirlos en nuestro mundo peor para que se siga destruyendo.
  2. La amistad que nace en tiempos difíciles, es la amistad que es más valiosa. El poder encontrar a alguien quien es nuestro consuelo, no tiene precio. La amistad rompe prejuicios, abarca nuevos horizontes, traspasa barreras, rompe esquemas, permite a los seres humanos evolucionar y revolucionar su entorno.
  3. Ningún dolor es más fuerte que aquel que estamos causando a otros, y que de pronto nos lo causamos a nosotros mismos. Fue demasiado fuerte para mí. Realmente cuando nos damos a probar el veneno que estamos dando a los demás, es cuando podemos comprobar la magnitud del mismo. Es por ello que, todos las religiones proclaman: No hagas a tu hermano lo que no quieres que te hagan a tí.
  4. La consciencia humana colectiva ha evolucionado a un estado dónde la paz y la tranquilidad, a pesar de ser tan aclamadas, por fin tiene vislumbres en algunas partes del planeta. Esa unidad que como humanidad estamos destinados a mostrar, puede verse en algunas partes. Me conmueve.
  5. El pasado es pesado. Arrastrar con tantas heridas y tantos dolores del pasado es nuestro acicate para poder hacernos mejores personas.



Esta película, ambientada durante el tiempo del holocausto, es una de esas películas en las que te quedás pegado del asiento. A pesar de tener una trama predecible, cualquiera de los elementos utilizados para la continuidd, son borrados al penetrar en lo profundo de la historia. Para los que conocen y saben de la historia, sus corazones se vuelven inmediatamente conmovios. Para otros, como yo, solo nos queda suponer, pues, la película deja muchos espacios vacíos para poder suponer, para poder amar, odiar, reprimirte.
Es una de esas películas en las que 1 minuto de silencio al inicio de los créditos no es suficiente. El impacto de las imágenes es tan profundo, tan directo, que realmente, sólo podemos decir:
Gracias a Dios que esa parte de la historia ya pasó. Gracias a Dios la humanidad no volverá a cometer esos errores atroces. Gracias a Dios que la diversidad de la familia humana prevalece sobre el "establecimiento de una raza superior". Gracias a Dios.



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